Estoy convencido de la necesaria cuarta transformación de la República. México, a lo largo de su historia, ha pasado por tres grandes transformaciones, de las cuales ha surgido una nueva configuración de la República y un nuevo régimen de gobierno.

La primera transformación se ubica cuando nos independizamos de España y dejamos de ser colonia para constituirnos en una República federal que se establece en la Constitución Política de 1824.

La segunda transformación deriva de la prolongada lucha entre liberales y conservadores por concretar el modelo republicano de país durante las primeras tres décadas del México independiente; durante esta etapa se establece el Imperio de Maximiliano; la vida política era dominada por los intereses de la Iglesia. Después de la Guerra de Reforma, con Benito Juárezcomo cabeza de la transformación, surge la segunda República, la República laica, por la separación de la Iglesia y del Estado, y se plasma en la Constitución Política de 1857.

La tercera es producto de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Porfirio Díaz, que mantuvo al país en una situación de grandes desigualdades e injusticias, de explotación de campesinos y trabajadores. Al triunfo de la Revolución de 1910 surge la tercera República, la República Social, con la promulgación de la Constitución Política de 1917, que fue la primera proclama de los derechos sociales en el mundo. Sin lugar a dudas, el México posrevolucionario tuvo una larga etapa histórica de grandes logros y avances en la construcción de instituciones, que garantizan la concreción de los objetivos sociales señalados en la Constitución Política de 1917, pero fue deficiente en la construcción de una efectiva democracia. El modelo político y económico de la posrevolución se agotó a finales de los años 70, cuando iniciamos el camino de la transición democrática para terminar con un sistema político de partido hegemónico y de presidencialismo autoritario con facultades omnímodas y metaconstitucionales. Este declive se agudizó a partir de los 80 con la implementación de políticas económicas neoliberales que profundizaron las diferencias sociales y generaron un régimen de pluralismo político que derivó en un gobierno dividido de confrontación permanente entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Por eso, urge al país, desde el inicio del siglo XXI, una cuarta transformación: la edificación de la República democrática, con el cambio del régimen presidencialista para pasar a un régimen semi presidencial o semi parlamentario, en donde todas las fuerzas políticas y sociales de la nación seamos corresponsables de la edificación de un sistema de efectiva democracia representativa y participativa, y de plena justicia social, con seguridad e igualdad de oportunidades para todos.

Yo creo que el presidente López Obrador pensaba igual antes del 1 de julio. Pero los resultados electorales reestablecieron el viejo régimen presidencialista autócrata, de partido hegemónico y control sobre el Poder Legislativo y los gobiernos estatales (lo que fue el PRI hasta los 80). Y parece que así se siente más cómodo.

Por eso no coincido en la 4T que plantea el Presidente, porque lo que él impulsa es un estilo personal de gobernar, una forma diferente de hacer las cosas desde el poder público, no un cambio de régimen ni mucho menos la edificación de una cuarta República. Prefiere ser caudillo y prócer que estadista y demócrata.

Por JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES

@JOSEEALFARO